Londres: Magliocco, boxeadora apasionada

LONDRES (AP). "¡Tí­rale! ¡Cerradito! ¡Sorprende! ¡No te pares! ¡Sé oportuno! ¡Un minuto! ¡Se acaba!".

La ráfaga de instrucciones, transmitida en aguda y estridente voz que resuena en cada rincón del poblado Excel Arena, proviene de la grada superior cerca del túnel que comunica el ring con los vestuarios y pertenece a la menuda Karlha Magliocco, la talentosa púgil venezolana que debutará el domingo en los Juegos Olí­mpicos.

Su destinatario no es otro que su compatriota Gabriel Maestre, quien finalmente gana el combate contra el sudafricano Lusizi Siphiwe por 18-13 y se clasifica a cuartos de final de peso welter.

"¡Levanta la mano!", solicita por última vez Magliocco, jaleada por el público a su alrededor y antes incluso de que los jueces anuncien el veredicto favorable a Maestre, momento en que abandona de un salto su butaca para acercarse y tomarle una foto camino de la zona mixta.

El torbellino de emociones, saltos varios y, en suma, ejercicio de mí­mica de combate en la grada es sólo un botón muestra de la intensidad con que vive la vida Magliocco, la única mujer venezolana en participar en una competición de boxeo olí­mpica.

Y es que el boxeo femenil salta el domingo por primera vez a escena en la historia de unos Juegos. La púgil de Ciudad Bolí­var, que enfrentará en la categorí­a de 51 kilos a la brasileña Erica Matos, es sólo la cuarta latinoamericana de las 35 mujeres participantes en debutar.

"La pelea está bastante reñida porque ambas tenemos un récord similar y perseguimos el mismo sueño. Aunque no hemos peleado nunca, nos conocemos bien. Espero hacer un buen papel", expresó la venezolana previo al estreno.

Tras inscribirse en natación a los seis años por su condición de asmática, Magliocco se aficionó en el boxeo a los 12 por roce familiar. "Mi mamá era juez árbitro y siempre estaba inmersa en el deporte. Después de la natación practiqué el fútbol, pero ninguna disciplina me llenó tanto como el boxeo y me casé con él".

Era un caso raro en su paí­s, donde ninguna de sus amigas frecuentaba un ring, pero Magliocco tení­a claro su camino y, tras años de dedicación, recibió su recompensa con la experiencia olí­mpica. Antes habí­a saboreado el premio de una medalla de bronce en los Juegos Panamericanos.

En el camino desafió las expectativas de "mucha gente que no entendí­a porqué me dedicaba al boxeo".

Su propio entrenador, Alfredo Lemus, se maravilla ante tanto ardor guerrero. "Mucha mujer para tan poquito cuerpo", zanja.

Al contrario que la mayorí­a de sus compañeros, Magliocco explica que tiene más problemas para aumentar peso que para perderlo. Pero los nervios no parecen hacer mella en la púgil a pocas horas de la gran cita, pues revela que sufre más cuando acude a los combates de su novio, también boxeador, aunque no está clasificado para los Juegos.

"Fuera del ring soy muy tranquila, porque no se trata de trasladar la violencia fuera de la tarima. Cuando subo es otra cosa", cuenta la venezolana, con planes de boda para el año entrante y madre de la pequeña Noemí­, fruto de una anterior relación. "Ella ve mis peleas, y me aúpa y me da ánimos".

¿De tal palo, tal astilla?

Magliocco, quien es licenciada en educación fí­sica, asegura que no tendrí­a ningún problema si a su hija le diera por seguir sus pasos sobre el cuadrilátero. "Si ella quiere, perfecto. La apoyaré al cien por cien", afirma.