Brasil: El miedo a perder de Scolari

SAO PAULO (AP). Brasil vive su Mundial con los nervios de punta, y nadie parece sentirlo más que Luiz Felipe Scolari.

"Es lo que la gente nos exige, porque dijimos que íbamos a ganar", declaró el técnico brasileño tras la más que angustiosa victoria por penales ante Chile en los octavos de final. "Tenemos una obligación de ser campeones del mundo y tenemos que dar todo para hacer realidad la promesa que hicimos. Esto es a los que los jugadores se han abocado".

A eso se ha reducido Brasil, a toda clase de arengas que llaman al patriotismo. La selección del 'jogo bonito' es pura mística. ¿Alguna propuesta interesante de fútbol? Bien, gracias. Es el sexto título, el hexacampeonato, o nada.

Van cuatro partidos en el torneo, y el equipo de Felipao no convence y posiblemente nunca convencerá en lo que siga de su devenir, inclusive si el 13 de julio acaba levantando la Copa en el estadio Maracaná.

Los rostros nerviosos de los brasileños a medida que transcurrían los minutos en el choque contra Chile en Belo Horizonte sólo reflejaban algo evidente, a un equipo con profundas limitaciones.

Si Neymar se difumina, como le ocurrió con el paso de los minutos frente a Chile, Brasil no tiene gol con sus delanteros La creación en el mediocampo no aparece desde aquellos ya distantes minutos de lucidez en el partido inaugural. Se suponía que la defensa era su fuerte, pero también tiemblan atrás, con sus laterales Dani Alves y Marcelo a menudo desbordados por los rivales.

En la previa del partido de octavos, Scolari recurrió a un llamativo discurso en el que planteó que Brasil debería emular al Atlético de Madrid del técnico argentino Diego Simeone, destacando que el club español endosó pocos goles.

El "cholismo" como norte. Hasta este límite han llegado las cosas en Brasil en nombre del pragmatismo por ganar.

Ahora bien, con el fin de justificar el que Brasil ponga énfasis en lo defensivo, Scolari pecó de contradictorio. Después de todo, la desidia del entrenador provocó que Diego Costa, el centro delantero del Atlético que ahora sería la pieza ideal para juntarse con Neymar, se fuese a los brazos de la selección de España. Dos de los pilares del impenetrable muro defensivo colchonero —el central Miranda y el lateral Filipe Luis— quedaron fuera de la lista definitiva de 23 jugadores.

Scolari es un técnico con un terrible miedo a perder, a quedar señalado para siempre como el responsable de la selección que no pudo salir campeona en casa.

Por más que se entienda que un timonel quiera tomar recaudos frente a adversarios claramente superiores o darle alas al contragolpe como recursos si esa es tu mejor arma, este Brasil está entregado a un plan que por su simpleza traiciona su rico legado: encontrar un gol aquí y defenderlo como sea.

"Obvio que estábamos tensos. No es fácil disputar un Mundial, en casa", dijo Scolari.

Francia fue la última selección en proclamarse campeona de local, pero ese equipo liderado por Zinedine Zidane y Youri Djorkaeff no tuvo un pelo de timorato en 1998.

Scolari salió del partido con Chile con la idea de que haber estado al borde del precipicio —aquel remate de Mauricio Pinilla que fue devuelto por el travesaño en los últimos segundos del tiempo extra habría cambiado todo— servirá para darle temple al equipo.

"Les voy a mostrar a mis jugadores cómo fue que ganamos y los aspectos en los que fallamos, ya que el nivel de exigencia aumenta", señaló. "Cuando uno gana de esta forma sale fortalecido".

Brasil no ha perdido un partido oficial en casa desde 1975. Esa es la historia que Colombia, el rival de turno en cuartos el próximo viernes en Fortaleza, afronta. Una Colombia que nunca había llegado tan lejos en un Mundial. ¿Quién estará más nervioso?